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La disposición incorrecta de ripio genera riesgo para las personas

Los desechos de las demoliciones, como el caso de la Biblioteca Nacional, representan un peligro para la salud de la población

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Por Francisco Rubio
Publicado el 12 de mayo de 2022


“En el país se tiene un problema y es que el ripio se tira en cualquier lugar”, dijo Samuel Lizama, exmagistrado de la Cámara Ambiental de San Salvador.

Se ha normalizado en El Salvador que una persona coloque en su casa un letrero de: “Se bota ripio” y ahí se deposita, pero estos desechos necesitan un tipo de manejo adecuado por su peligrosidad.

Añadió el exmagistrado que el manejo del ripio tiene historial de tener una escasa regulación, al igual que el llamado “lodo industrial”.

Este tipo de desecho, según mencionó el experto, debe de tener un tratamiento especial y más riguroso, ya que no se puede depositar en cualquier relleno, debe de pedirse autorización al Ministerio de Medio Ambiente y otras instituciones.

El artículo 5 del Reglamento Especial para el Manejo de Desechos Sólidos expone que se debe procurar que los sitios de almacenamiento de desechos sólidos como ripio estén restringidos a personas y animales. Esto se debe a gases, asbesto o algún químico que pueda desprender el desecho y que dañe la salud de los seres vivos.

Un camión conduce ripio proveniente de la demolición de la Biblioteca Nacional.
Foto EDH/ Francisco Rubio

El ripio, según el reglamento, se clasifica como un material peligroso, ya que puede dañar la integridad de las personas o del medio ambiente que lo rodea.

Al momento de utilizar un espacio para almacenarlo o de destino, se debe de procurar que esté lejano a áreas urbanas, mantos acuíferos y que el suelo sea estable, para así evitar deslaves y mayores daños en caso de tormentas.

Ricardo Navarro, presidente del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA), comentó que la práctica de repartir este ripio en distintos sitios, muestra que no se tienen una evaluación ambiental y demuestra una mala gestión de los desechos sólidos.

Navarro enfatizó en que muchas veces el ripio y materiales de construcción no se manejan de la manera correcta al no ser componentes orgánicos o no pensar que son materiales que puedan representar un peligro para la población. Además, insistió en que este tipo de material debe ser supervisado y que, al estar en un botadero de cielo abierto, puede generar distintos problemas.

El asbesto, por ejemplo, es altamente cancerígeno, vinculado a provocar cáncer de pulmón y mesotelioma (tipo de cáncer que se produce en la capa delgada de tejido que recubre la mayoría de los órganos internos).

La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) es parte de la Organización Mundial de la Salud (WHO); la IARC clasifica el asbesto como “carcinógeno para los seres humanos”, basándose en su capacidad para provocar mesotelioma y cánceres de pulmón, laringe (caja de voz) y los ovarios.

Según el reglamento se debe de seguir una ruta única previamente establecida para transportar el ripio. No hacerlo va en contra de lo establecido en los artículos 8 y 9 del Reglamento Especial para el Manejo de Desechos Sólidos.
Foto EDH/ Francisco Rubio

En el pasado, se utilizaba comunmente en materiales de construcción. Al dejar sus restos al aire libre, puede abrir la posibilidad de esparcirse por el viento a las comunidades cercanas; por esta misma razón, se pide que al transportar este tipo de material debe de permanecer tapado hasta llegar al sitio de almacenamiento o punto final.

El plomo, un metal pesado tóxico, era usado en las pinturas y esmaltes hasta que a finales de los años 70 se empezó a prohibir su uso en todo el mundo. Su utilización para las pinturas era porque fijaba magníficamente los colores, ayudaba a disminuir la corrosión del hierro pintado y aceleraba el secado.

El presidente de CESTA añadió que, también, se corre el riesgo de que, con la lluvia, al evaporarse, suba el químico a las nubes y se expanda en forma de lluvia tóxica. La exposición a este químico puede generar problemas en los pulmones y cáncer. Incluso puede llegar a mantos acuíferos cercanos al botadero de cielo abierto y contaminar el agua, que muchas veces las personas usan para la limpieza de sus hogares y trabajos domésticos.

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