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Para 19 mujeres, su calvario en Apanteos terminó el jueves

Todos los días, a media tarde, varias personas comienzan a apostarse frente a la fachada de ese penal, a esperar que ocurra el milagro de ver a su pariente salir en libertad.

Por Jorge Beltrán Luna
Publicado el 26 de mayo de 2023


Es tarde de jueves pero puede ser de cualquier día. Desde el mediodía, un grupo de personas se han llegado a apostar frente a la fachada del centro penal de Apanteos, en Santa Ana, con la esperanza de que ocurra el milagro que esperan a diario.

La gente que llega a esperar que su familiar sea liberado ya sabe que, entre las 4:30 y 5:30 p.m., llega un vehículo policial con unos papeles. Los agentes entran al penal y luego salen. Eso es señal inequívoca de que, en cualquier momento, uno o más presos, hombres o mujeres, saldrán de esa prisión.

Una de las mujeres liberadas, ya con ropa distinta a la de la prisión, tira a un contenedor de basura la que utilizó dentro del penal de Apanteos. Foto EDH / Jessica Orellana

Después de que los policías salen de la cárcel, una mujer que atiende un negocio a pocos metros se acerca a la puerta del penal. El momento ha llegado.

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El jueves anterior, a los pocos segundos de que la mujer que atiende el negocio se acercara a la entrada del penal, una puerta pequeña se abrió. Diecinueve mujeres salieron en columna.

Delante iba una de apariencia muy mayor. En cuanto vio a sus familiares, se echó a llorar en los brazos de otra mujer que ya la esperaba. Esa escena se repitió con varias de las liberadas.

Todas, las 19, avanzaron hasta el negocio llamado Tienda Carlitos, guiado por la propietaria de la misma, quien no parecía sentirse bien con la presencia de periodistas. “Es que no pueden hacer vídeos. Eso está prohibido”, dijo, mientras avanzaba al frente de las 19 mujeres.

A la basura

En la Tienda Carlitos, las mujeres reciben algo de beber, alguna soda, un refresco o simplemente agua.

Algunas de las ahora exreclusas, ya sin la ropa de cárcel, se hincan para hacer una oración, para agradecer a Dios que han recuperado su libertad. Foto EDH / Jessica Orellana

Luego, de una pila de ropa usada, cada una escogió lo que podría tallarle a su medida… lo más próximo a su talla. Después, entre todas se cubrían para cambiarse. Algunas se metieron a la tienda y allí se quitaron el pantalón y la camisa blanca, ropa de cárcel que luego depositaron en una canasta de basura.

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Desde allí comenzó su retorno a casa. El jueves, todas las liberadas hicieron una oración, en agradecimiento por recuperar su libertad.

El mismo acto se repitió este viernes, solo que esta vez fueron 22 las que salieron libres.

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