
OPINIÓN: Los inolvidables Juegos que pasaron y los desafíos que se vienen
Estadios llenos y atletas que están dispuestos a darlo todo por El Salvador es parte del legado de San Salvador 2023. "Hay donde progresar. Sí, se puede", dice el editor de CANCHA, Gustavo Flores
Más allá de los resultados deportivos y su comparación con otros Juegos Centroamericanos y del Caribe, lo más positivo que ha dejado San Salvador 2023, además del enorme esfuerzo de los atletas, ha sido el masivo apoyo del público a deportes que estaban lejos de tanta exposición en estos últimos años.
Los gimnasios de vóleibol, de baloncesto, de gimnasia y varios etc., se vieron sorpresiva y agradablemente repletos. Ni hablar del fútbol playa, con entradas agotadas varios días antes para ver a los Guerreros.
FOTOS: El color de la Clausura de San Salvador 2023
En natación quedó gente afuera, el baloncesto femenino y el fútbol femenino jugaron con una afición nunca antes vista, muchísima gente se acercó al Mágico González para ver atletismo y allí, en la Cuna, también lucha, karate o levantamiento de pesas; hasta el tiro con arco, el deporte récord en medallas salvadoreñas en la historia de estos Juegos, tuvo sus instalaciones colmadas. Lo mismo con BMX, tenis o waterpolo, por mencionar solo algunos.
El desafío que se viene después de estas dos semanas a puro deporte, es justamente mantener el entusiasmo de la afición por estos disciplinas. Y a la vez poder utilizar con continuidad y darle mantenimiento a los distintos escenarios que se crearon para estos Juegos -caso fútbol playa o pista BMX- y los que vivieron grandes remodelaciones, que aún continúan, como el Mágico González, el Adolfo Pineda o Las Delicias.

Nuevos eventos internacionales, competencias de nivel y buscar la competitividad necesaria en cada una de las disciplinas servirá para crecer en lo deportivo pero también para evitar el deterioro de grandes infraestructuras que, lamentablemente, ya hemos visto y sufrido en el pasado.
Del lado deportivo, se ha ganado mucho desde los últimos Juegos C.A. y Caribe con 10 medallas más que en la última edición de Barranquilla 2018 y 6 doradas de diferencia (8 contra 2). Pero la comparación queda en desventaja si se la realiza con los últimos Juegos que había organizado San Salvador, en 2002, donde se llegó a las increíbles 124 medallas (18 oros, 40 platas y 66 bronces), siempre con el handicap gigante de que no estuvo la poderosa Cuba en aquella edición.

Si de apoyo y seguimiento a los atletas se trata, la explosión del oro en los 400m vallas -quizás la más impactante de todas las medallas- pone a Pablo Ibañez como prioridad, teniendo en cuenta que se viene el Mundial de atletismo y la clasificación -por marca- a los Juegos Olímpicos. El surf, donde El Salvador terminó primero en el medallero por deporte, habla del potencial en longboard y de la vigencia de Bryan Pérez en el surf tradicional.
El doble oro que llegó con Juan Bolaños desde República Dominicana sorprendió a propios y extraños: Pocos, más allá del protagonista y su entorno, tenían en el radar semejante proeza. Gaby Izaguirre cumplió con los pronósticos de favoritismo y se llevó el único oro que dio el karate. También respondió a su candidatura y no falló el velerista olímpico Enrique Arathoon.

Y el tiro que aportó su oro con Israel Gutiérrez en la desgastante competencia de rifle 3 posiciones. Al fútbol playa y al tiro con arco le faltó el pulso final. Y las apuestas al futuro están claras con el patinaje de Ivonne Nóchez y Marvin Rodríguez y la gimnasia de trampolín de Tatiana Hernández, entre otros jóvenes talentos. Hay donde progresar. Y como se demostró en estos inolvidables Juegos: Sí, se puede.