Venancia Morales asegura tener 112 años, aunque no tiene ningún documento que respalde ese dato. No recuerda el año que nació el mes ni el día. Foto EDH/ Jonatan Funes Vive en medio de las montañas del municipio de Citalá en Chalatenango. Foto EDH/ Jonatan Funes Venancia no cuenta con lo servicios básicos de agua ni luz eléctrica. Foto EDH/ Jonatan Funes “Me gusta vivir aquí, estoy a gusto. Yo sola paso”, señala. Foto EDH/ Jonatan Funes Para llegar a su casa se tiene que ingresar por una propiedad privada, y caminar más de una hora. Unos minutos cerro arriba y luego hasta abajo. Se trata de subir, bajar y volver a subir las montañas. Foto EDH/ Jonatan Funes Venancia nació y creció en el cantón el Cipresal, a los 25 años su esposo Rafael Sandoval se la llevo a vivir entre estos cerros. Foto EDH/ Jonatan Funes Procreó ocho hijos, en especifico, siete mujeres y un hombre. Foto EDH/ Jonatan Funes “Me gusta vivir aquí, estoy a gusto. Yo sola paso”, señala la anciana. Foto EDH/ Jonatan Funes Mis hijas no se acuerdan de mi, sino quieren venir que no vengan, a la fuerza para que vienen. Una se llama Filomena y otra María Luisa, no quieren venirme a ver”, recalcó la mujer. Foto EDH/ Jonatan Funes Su casa, escondida entre unos peñascos, no se puede ver desde lo alto, ni desde abajo. Foto EDH/ Jonatan Funes Dice que no conoce hospitales, que sus hijos los tuvo en casa. Foto EDH/ Jonatan Funes Sin las indicaciones de los lugareños no hay forma de saber que alguien viva acá. Foto EDH/ Jonatan Funes La casa no es más que dos cuartos pequeños, con las paredes agrietadas que siguen sobreviviendo ante la manifestación de la naturaleza. Foto EDH/ Jonatan Funes La desventaja es no tener energía eléctrica, agua potable, acceso a la salud, a los servicios básicos que todo ser humano debe de tener y más sí es adulto mayor. Foto EDH/ Jonatan Funes Los días de Venancia no cambien en lo absoluto, se despierta a las cinco de la mañana, a oscuras comienza a sacar las gallinas que duermen a un costado de su cama.
Foto EDH/ Jonatan Funes“Cuto”, es un perro que tiene pinta de coyote escuálido y que le hace compañía. Ladra tres veces ante la presencia de un extraño, que se puede suponer que es difícil que alguien venga por estos rumbos tan seguido. Foto EDH/ Jonatan Funes
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