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“Lo que afecta a uno, afecta a todos...”

Todo está interrelacionado en este planeta y lo que se hace o se deja de hacer tiene consecuencias, pero mientras no reconozcamos, entendamos y aceptemos esto no habrá paz en la Tierra.

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Por Francisco Galindo Vélez
Publicado el 09 de septiembre de 2022


Realmente se reduce a esto: que toda la vida está interrelacionada. Todos estamos atrapados en una red ineludible de reciprocidad, atados a una sola prenda de destino. Lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente. … No vamos a tener paz en la Tierra hasta que reconozcamos este hecho básico de la estructura interrelacionada de toda la realidad”… palabras del Premio Nobel de la Paz, Martin Luther King, Jr., que consideraba que no podía haber justicia social sin justicia medioambiental.


En relación con la protección de personas obligadas a dejar sus países por el cambio climático, en enero de 2020, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se pronunció sobre el caso que le había presentado un ciudadano de Kiribati después de que Nueva Zelanda le hubiera negado la condición de refugiado que él había solicitado y lo había deportado. Esta solicitud se basó en el argumento de que el cambio climático en su país representaba un riesgo inminente para su vida y la de su familia, pues la tierra se hace cada vez más escasa por la subida del mar, la degradación ambiental hace más difícil la agricultura, y el agua dulce y potable se contamina con el agua de mar.

El Comité ratificó la decisión de la Corte de Apelaciones de Nueva Zelanda de rechazar la condición de refugiado del solicitante kiribatiano porque, pese a la grave situación, Kiribati había tomado medidas de protección suficientes, pero por otra, el Comité consideró “que, si no se toman enérgicas medidas en los planos nacional e internacional, los efectos del cambio climático en los Estados receptores pueden exponer a las personas a la violación de sus derechos dimanantes de los artículos 6 (derecho a la vida) o 7 (prohibición de someter a una persona a tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes) del Pacto (Internacional de Derechos Civiles y Políticos), haciendo que entren en juego las obligaciones de no devolución de los Estados de origen. Asimismo, dado que el riesgo de que todo un país quede sumergido bajo el agua es tan extremo, las condiciones de vida en tal país pueden volverse incompatibles con el derecho a una vida digna antes de que el riesgo se materialice”.


Esta decisión seguramente tendrá un importante impacto en la inevitable evolución que deberá tener la protección internacional de personas que se ven obligadas a dejar su país por el cambio climático y el deterioro del medio ambiente. Islas como Kiribati y Tuvalu están en peligro de quedar sumergidas por las aguas y el resto de la humanidad no podemos ser indiferentes.


También es importante analizar cómo algunos países están viendo este apremiante asunto. Entre 2011 y 2016, Suecia y Finlandia otorgaron estatus de inmigración temporal y permanente a personas que ya se encontraban en sus respectivos territorios pero que no podían regresar a sus países de origen por un desastre ambiental. Así, Suecia los incluyó en la categoría de “persona que necesita protección” y Finlandia en la de “protección humanitaria”. Ahora bien, estos programas se suspendieron por la llamada crisis de los refugiados en Europa.

Fiji ha declarado que recibirá a migrantes climáticos de manera permanente como parte del proceso de movilidad humana asociado al cambio climático, haciendo la salvedad de que la reubicación planificada ha de ser una medida de adaptación que podrá considerarse cuando todas las demás opciones se hayan agotado.


Los Estados Unidos, que con el presidente Biden regresaron al Acuerdo de París de 2015, en octubre de 2021 publicaron un informe sobre el impacto del cambio climático en la migración (Report on the Impact of Climate Change on Migration) que considera que cuando la migración se presenta como la forma preferible de adaptación, o en situaciones en que las personas se ven obligadas a huir del impacto del cambio climático, los Estados Unidos tienen un interés nacional apremiante de fortalecer la protección global de esas personas y grupos de desplazados. Añade que, para los Estados Unidos, esa protección se basa en sus objetivos humanitarios vinculados a los intereses que tiene en la gestión de la migración segura, ordenada y humana, la estabilidad regional y el crecimiento económico y el desarrollo sostenible.

En su informe de 2022 sobre las Migraciones en el Mundo, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), indica que en 2020 hubo 30.7 millones de personas desplazadas por desastres y 9.8 millones por conflictos y violencia. En Centroamérica, de acuerdo con Internal Displacement Monitoring Center, en 2020 había 937,000 desplazados por desastres en Honduras, 339,000 en Guatemala, 232,000 en Nicaragua, 17,000 en El Salvador, 6,300 en Belice, 4,200 en Costa Rica y 3,700 en Panamá, pero el Banco Mundial advierte que para el año 2050 puede haber entre 1.4 y 2.1 millones de migrantes climáticos en México y Centroamérica.


Todo está interrelacionado en este planeta y lo que se hace o se deja de hacer tiene consecuencias, pero mientras no reconozcamos, entendamos y aceptemos esto no habrá paz en la Tierra.

Ex Embajador de El Salvador en Francia, y Colombia; ex Representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Argelia, Colombia, Tayikistán y Francia, y exrepresentante adjunto en Turquía, Yibuti, Egipto y México. También fue jurado del premio literario Le Prix des Ambassadeurs en París, Francia.

TAGS:  Medio ambiente | Opinión

CATEGORIA:  Opinión | Editoriales

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