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Defendamos la democracia en El Salvador

Despertemos y aprendamos de la experiencia de haber escogido mal, no nos convirtamos en cómplices de políticos corruptos; el pueblo merece mejores gobernantes. Recordemos que el engaño y la pobreza para crear un gobierno asistencialista es la mejor arma de los populistas para que, junto con el financiamiento público que reciben, puedan mantenerse en el poder.

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Por Ondina Ramos
Publicado el 11 de octubre de 2023


La acción democrática no puede empezar y acabar en un voto. No podemos delegar el poder en las urnas y luego desentendernos, no podemos esperar a que los políticos marquen el paso, asumiendo que sus decisiones siempre son correctas. La democracia es reconocida como el sistema político más adecuado para constituir una sociedad; se presenta como una idea que incluye y reconoce a todas las personas como iguales para decidir e incidir políticamente en una sociedad.


Lo propio del populismo autoritario consiste en eliminar a los órganos intermediarios, como el legislativo y judicial. Atacar a la empresa privada y a todos aquellos que no compartan su mismo pensamiento es el sello distintivo del populista. Aunque en una democracia la ciudadanía elige a sus propios representantes, no hay garantía de que éstos sean los mejores pues pueden resultar corruptos o insensibles hacia las verdaderas necesidades del pueblo, sin embargo, siempre podemos votar a favor de mejores alternativas en las próximas elecciones generales. Si los gobernantes no cambian sus decisiones, podemos cambiarlas nosotros. Esto no es posible en cualquier otra forma de gobierno.


Las palabras libertad y democracia se usan a menudo indistintamente, pero no son sinónimos. La democracia es sin duda una serie de ideas y principios sobre la libertad, pero también incluye prácticas y procedimientos que se han ido forjando a través de una historia larga y tortuosa. Los salvadoreños debemos estar conscientes que vivimos en una sociedad democrática por lo tanto debemos ser los mayores guardianes de su libertad y tenemos que abrir nuestro propio camino hacia los ideales de desarrollo.


La Democracia nos ha costado mucho conquistarla. Por ello, es necesario que, en estos momentos, valoraremos y preservemos nuestro Estado de Derecho. Estoy convencida que la mayoría de los salvadoreños queremos heredar un país libre y democrático a nuestros hijos, un país donde predomine la unidad frente a la ruptura y el odio, las formas y los valores democráticos a la mal llamada nueva política. No nos dejemos engañar por el populismo barato escondido con acciones asistencialistas que nos sumergen más en pobreza. No podemos ser condescendientes con actitudes dictatoriales, populistas o mesiánicas.


No dudemos nunca en defender los principios de libertad. Rechacemos la apatía y busquemos liderazgos renovados, que tengan coraje para hacer lo que se necesite, solidaridad para proteger a los más pobres y responsabilidad para no huir cobardemente de lo que se les encomiende. En una democracia necesitamos asumir responsabilidades. Los partidos políticos tienen mayor responsabilidad y han de estar atentos y actuar conjuntamente ante aquellos que pretenden liquidar nuestra democracia que ha costado la sangre de muchos salvadoreños.


Los tiempos actuales exigen que quienes aspiren a hacer política, lo hagan por convicción y no por el incentivo económico que representa el puesto.


Ha llegado una nueva etapa y es momento de reemplazar ataques por debates, quejas por propuestas, palabrerío por acciones concretas. Es momento de trabajar por el bien común y desarrollo de los salvadoreños teniendo en cuenta a los grandes referentes de la Democracia, defendiendo a nuestro país para conservar sus libertades y garantías, preservando su esencia y respondiendo con fuerza, con firmeza, con contundencia ante aquellos que quieren dañar nuestra Democracia.


Despertemos y aprendamos de la experiencia de haber escogido mal, no nos convirtamos en cómplices de políticos corruptos; el pueblo merece mejores gobernantes. Recordemos que el engaño y la pobreza para crear un gobierno asistencialista es la mejor arma de los populistas para que, junto con el financiamiento público que reciben, puedan mantenerse en el poder.


El populismo es la esencia del mal. Es un método para hacer quebrar las instituciones a fin de alcanzar el poder para después ejercerlo totalitariamente. Este gobierno ha creado una crisis económica insostenible, mediante niveles elevados de gasto público y privado, endeudamiento exterior creciente, incompatibles con la productividad del país. No seamos presa fácil de los populistas.


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