“¿Cuál es tu nombre?” –preguntó Talismán al trovador del Circo del Aire que pasó. “Mi nombre es viento, soledad” –respondió aquel. Todo anunciaba un yermo verano. Al día siguiente, el circo habría desaparecido de la aldea. Por esa vieja costumbre de partir durante la noche, de la misma forma en que llegan. Aparecen de un día para otro, a un lado del predio municipal. Al final de la temporada llega una mañana que ya no encuentras sus carpas coloridas y lejanas en el solar vacío de la plaza. Porque todo en ellos es distancia, adiós, deseo de un instante. Porque un día se van, dejando sólo flores sobre la tierra seca de un verano largo. Porque hasta el mismo amor es como el viento, que no sabes desde dónde viene ni hacia dónde irá. Seguramente Trovador habría pagado también con su vida el sueño de remontar risas y distancias. Pero bien, así era el cantor: viento, brisa y soplo matinal. Por igual, también se esfumaría del circo errante y trashumante. Al fondo de la escena entonaba su cantar: “Soy de una tierra que está detrás del mar/ Soy de una raza de risco y soledad/ Soy el cantar del viento que viene y que se va/ El último cantor de la función/ Perdida melodía del eco en las montañas/ Que entona esta canción de amor, del corazón/ Máscara de carnaval sin risa y sin final/ Soy, al fin, el último rapsoda del polvo del camino/ Que va de pueblo en pueblo/ trazando paso a paso el azar de su destino” (XI) <palabrasbalaguer.facebook.com>
Mi nombre es “viento”, “soledad”
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