La antigua bodega de carga en la estación de Acajutla pasó a ser parte de la cooperativa de pescadores del municipio y es cuidada por Miguel Ángel Alvarenga desde 1990. Fotos EDH / Jessica Orellana De la antigua estación en Acajutla ya no queda nada. Fotos EDH / Jessica Orellana Don Ángel Alvarenga. Fotos EDH / Jessica Orellana En Acajutla, la antigua estación ahora es una iglesia; las vías se cortan y donde antes pasaba el tren han construido casas, pese a que la mayoría no cuenta con escrituras propias de los terrenos. Fotos EDH / Jessica Orellana María Gómez, por su parte, recuerda haber vivido cerca de donde pasaba el tren y cómo ella junto a su madre se subían a vender frutas. “Acá era bien bonito porque nosotros con eso manteníamos a nuestra familia, de ser vendedores ambulantes, hasta que un día dejó de pasar y la gente se apropió de estos espacios y construyeron sus casas”, relató. Fotos EDH / Jessica Orellana En Sonsonate la estación fue restaurada y se ha convertido en el Museo del Ferrocarril, una opción para los salvadoreños que algún día viajaron en la llamada “Bala de Plata”. Foto EDH/ Archivo En Caluco sólo quedan los cimientos de la estación, donde se ha construido una pequeña bodega. Los rieles han quedado escondidos por la vegetación, según cuenta Berta Flores, habitante de la zona. Fotos EDH / Jessica Orellana Las poca vía férreas que han quedado han sido cubiertas por la vegetación. Fotos EDH / Jessica Orellana El abandono es total. Según los habitantes, hace años que las autoridades no llegan al lugar. Fotos EDH / Jessica Orellana La estación era muy pequeña pero aun así muchos bajaban y subían de ella. Fotos EDH / Jessica Orellana El terreno de la estación de Los Lagartos está siendo ocupado por Gladis Guandique, quien tiene 44 años de vivir a la par. “Antes vivía en una champita que estaba a la par, después de varios años que ya no pasó el tren construí mi casa donde estaba la estación”, dice Gladis, consciente de que ese terreno no es de ella y si en el futuro quieren desalojarla, dice, está dispuesta a irse. Fotos EDH / Jessica Orellana La estación del ferrocarril de la Ciudad de Armenia es de las pocas infraestructura que se mantiene en pie, pero su deterioro y descuido es evidente. Fotos EDH / Jessica Orellana La estación del tren en la ciudad de Armenia fue construida ente los anos de 1890 a 1892. Fue una de los lugares mas ocupados en su historia ferroviaria, desde el primer día de su inauguración hasta al principio de la década de 1980. Fotos EDH / Jessica Orellana Y es de las más visitadas por los turistas. Fotos EDH / Jessica Orellana Óscar Arévalo recuerda que en todas las estaciones donde paraba el tren tenían una infraestructura y los precios eran muy baratos. “Yo estoy seguro que de concretarse ese proyecto la gente podría beneficiarse”, explica, pero lamenta que hasta la fecha no haya avances y no se sepa información de cómo va el proyecto. Fotos EDH / Jessica Orellana De la estación en Ateos no queda nada. Donde antes estaban las instalaciones, según cuentan, los vecinos han construido una iglesia; las líneas han sido retiradas a la espera de que se construya una calle. Fotos EDH / Jessica Orellana Los vecinos lamentan desconocer los avances en el proyecto del tren de Pacífico. Fotos EDH / Jessica Orellana Estación de ferrocarril en Ateos, La Libertad. Fotos EDH / Jessica Orellana Las imponentes paredes de color celeste ya están desgastadas por el tiempo. Fotos EDH / Jessica Orellana La estación del Sitio del Niño se ha reducido a escombros y su infraestructura está olvidada. Para muchos era una estación grande que por muchos años ha estado en total abandono. Fotos EDH / Jessica Orellana José Bermudas, quien viajaba mucho en tren, explica que esta era una de las estaciones que conectaba con otras rutas. “De acá salía la gente para Santa Ana y San Salvador“, asegura. Fotos EDH / Jessica Orellana
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