Una belleza natural y milenaria se esconde en el municipio de Carolina, San Miguel. Son los ausoles del río Torola que por muchos años ha sido reconocido como un atractivo turístico para locales y otros que llegan de visita. Foto EDH / Yessica Hompanera La zona de géiser del río Torola está en el caserío Agua Caliente, ubicado a 20 minutos del casco urbano de Carolina. Estos son grietas de procedencia volcánica de donde emanan chorros de agua caliente y azufre. Foto EDH / Yessica Hompanera Los habitantes cuentan que este es uno de los puntos de reunión en época vacacional. Esto quedará desaparecerá después de que las aguas del embalse de la presa El Chaparral inunden la zona. Foto EDH / Yessica Hompanera En la zona deambulan ganado que anda suelto en los terrenos cercanos al río Torola. Foto EDH / Yessica Hompanera Algunos habitantes explicaron a El Diario de Hoy que a sus aguas se les atribuye propiedades curativas para las daños en las articulaciones o dolores musculares. Foto EDH / Yessica Hompanera El agua y el vapor puede llegar o superar los 70 grados. El ganado toma de los pequeños charcos que se forman en los huecos de las piedras. Foto EDH / Yessica Hompanera "Si usted pone un huevo se le cocina. En Semana Santa esto está lleno de gente", señala Alonso, un habitante de Carolina. Foto EDH / Yessica Hompanera Foto EDH / Yessica Hompanera El río Torola representa una hoja en blanco para la historia hídrica de El Salvador. Es un territorio poco explorado que aún mantiene su estado salvaje y donde muchas especies se alimentan y es su hábitat ideal.
Foto EDH / Yessica Hompanera
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