“Aquí no existe un solo campo de fútbol para entrenar. Se practica algo más parecido al rugby que al fútbol”. La frase va a cumplir 10 años. Y no es de las más antiguas; en el archivo hay de 20, 30, hasta 40 años atrás…
Pertenece a Albert Roca, el español que supo ser entrenador de la Selecta y fue preparador físico del Barcelona y sirve para ejemplificar en cuánto se ha mejorado desde aquel entonces: A juzgar por el estado de los campos de juego de la Primera División (ni hablemos del ascenso), se puede afirmar que poco y nada. El “avance” ha sido nulo.
OPINIÓN. Águila vs FAS: Clásico sin luces, en un campo de juego indigno
Hasta el hartazgo se insistió desde CANCHA y desde este mismo espacio sobre la necesidad de mejorar la grama, cuidar los campos, mejorar los escenarios. Allí nace el fracaso del fútbol salvadoreño a nivel internacional.
¿Cómo pedirle a los jugadores intentar jugar a ras de piso en semejantes condiciones? ¿Quién se atreve a dar dos pases seguidos?
El penoso estado del engramillado en el Cuscatlán vuelve a poner el tema en el tapete, pero qué decir del Barraza, del Quiteño. Los equipos grandes deberían estar a la vanguardia con las respectivas alcaldías. Nada de eso sucede. En la semana fuimos testigos de una pelea insólita -una más- entre Edessa y Alianza. Ya basta.

La Fesfut informó en la semana que llegará un “especialista” para dar el diagnóstico (“adelanto exclusivo”: será de malo a peor) y ofrecer alternativas para mejorar los campos de juego. Iniciativa que alguna vez intentó FESA con un grupo traído desde México al que los equipos y alcaldías (propietarias de los escenarios) no le dieron mayor seguimiento. Así estamos.
Es el primer paso para cambiar una de las deudas eternas del fútbol salvadoreño…
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